"No es mi manera de pensar la que ha causado mis desdichas, es la de los otros", decía Donatien-Alphonse-François de Sade. Siempre y cuando no reduzcamos su pensamiento a una patología, son por cierto la exageración y el exceso de su obra lo que llevó al divino marqués a pasar la mayor parte de su vida en prisión, y a sus libros a permanecer por largo tiempo en el silencio de los "infiernos" de la Biblioteca Nacional de Francia.
Esa empresa filosófica ha sido recuperada, por turnos, por aquellos que quisieron ver en Sade al prisionero mártir de la monarquía, al adalid de la subversión, al opositor a la pena de muerte o al respeto de las leyes, pero también al “apóstol de los asesinos", al apologista del crimen, e incluso al inspirador de la barbarie nazi. Tantos equívocos alrededor de su pensamiento necesitaban algo de esclarecimiento.
Hugues Jallon, al entregarnos aquí una lectura política de la obra del marqués, nos invita a comprender la evolución de la reflexión filosófica de Sade, sin dejar de integrar en ella el ángulo sumamente fructífero de la relación con el derecho. Colocando la cuestión del cuerpo, del deseo, del goce en el centro del debate político y jurídico, Sade reconsidera los fundamentos del derecho, pero mantiene un estado de insurrección permanente para no ceder a la tentación del respeto de la ley. Pasa de la pura y simple transgresión de esta a su desviación en beneficio de un orden de lujuria, organizado alrededor del crimen y la arbitrariedad.
Hugues Jallon, egresado del Instituto de estudios políticos de París, posee además un diploma en filosofía.
PRIMERA PARTE
EL HOMBRE REBELDE
El confinado
El militante
¡Que comience la fiesta!
Franceses, un esfuerzo más…
La filosofía desplazada
SEGUNDA PARTE
ESE OSCURO OBJETO DEL DESEO
“Esa pequeña injusticia”
La ley, “esencialmente fría”
Aislacionismo
¡Goza!
Goce y propiedad
TERCERA PARTE
EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS
Las instituciones republicanas
Ciento veinte jornadas
Entre República y feudalismo
Pequeños asesinatos entre amigos
Discurso del método
El horror económico
El sentido de la razón
CUARTA PARTE
“ESE SER AL QUE NADA ES CAPAZ DE SOMETER”